Electrogalvanismo bucal, implantes dentales y campos electromagnéticos

Las corrientes galvánicas son micro corrientes eléctricas producidas por la interacción de los diferentes metales que cohabitan en la boca. El electrogalvanismo1 bucal se produce por efecto de la saliva, medio propicio a los intercambios electroquímicos.

El electrogalvanismo bucal es un factor que favorece las enfermedades degenerativas del sistema nervioso. En efecto, estas corrientes eléctricas, que pueden alcanzar varios centenares de mili voltios trastornan el funcionamiento de las células nerviosas basado en intercambios eléctricos. La corrosión galvánica nace de la heterogeneidad entre los diferentes metales y aleaciones dentales que crean una pila compuesta por dos electrodos2 (el cátodo: material más noble, y el ánodo: parte corrosible) sumergida en un electrolito: la saliva.

De acuerdo con el Dr. André Mergui3 el electrogalvanismo bucal se debe a 4 factores: la presencia de diferentes metales en los dientes conductores del calor y electricidad (mercurio, plata, oro, paladio, níquel, cromo, berilio, cobalto, galio, molibdeno, iridio, titanio que componen los amalgamas, prótesis fijas o móviles, coronas, frenillos o brackets, entre otro), una saliva más o menos conductora, el tipo de masticación u oclusión (bruxismo o rumiante tipo goma de mascar) y la presencia de microorganismos (estreptococos mutantes y candida albicans).

Este electrogalvanismo que se genera en la cercanía de la base del cráneo y zona cervical, se mide en mili voltio y micro amperio y contribuye la circulación y difusión de iones metálicos en la boca y luego en todo el cuerpo. Se considera que el electrogalvanismo es “aceptable” cuando es menor a 100 mili voltio y menor a 10 micro amperio4.

El electrogalvanismo no solamente se produce en el medio bucal en presencia de saliva, sino también en el interior de la pieza, por ejemplo se colocan postes metálicos cuya composición es diferente a la de las coronas.

Estas descargas eléctricas que aparentemente no percibimos convenientemente, son percibidas por las células del organismo y este estímulo permanente puede complicar o desencadenar una serie de síntomas locales como ser: gingivitis, estomatitis, enfermedades parodontales, aftas, liquen plano, candidiasis, mal aliento, gusto metálico, tatuaje gingival con mercurio, sensación de mascar papel alusa (de aluminio), y descargas eléctricas durante la masticación o al entrar en contacto con un elemento metálico como tenedor, cuchara, etc. Estos síntomas se asocian además con los síntomas de fibromialgia descritos por el Dr. Mergui: Fatiga crónica, dolores de cabeza, migrañas, cambio de humor, irritabilidad, indecisión, ansiedad, intolerancia al estrés, disminución de la concentración, pérdida de memoria a corto plazo, baja intelectual, depresión, sinusitis y rinitis crónicas, urticaria, dermatosis, insomnio…

Desde el último decenio el electrogalvanismo se ha amplificado de manera fenomenal por la inducción de campos electromagnéticos externos procedentes de la nueva contaminación medioambiental generada por las radiaciones electromagnéticas de alta frecuencia de los sistemas de telecomunicaciones móviles.

Electrosmog, amalgamas, implantes dentales metálicos y electrogalvanismo

Los campos electromagnéticas (CEM) están por todas partes, emanan de las líneas eléctricas, televisores, cableado eléctrico del hogar, electrodomésticos, microondas, teléfonos celulares, torres de teléfonos celulares, conexión inalámbrica a Internet…

Se estima que 8.3% de la población en los países desarrollados experimentan síntomas graves de electro-hipersensibilidad (EHS), mientras que el 35 por ciento experimentan síntomas leves5. Hay una serie de elementos que explican la sensibilidad del hombre a los campos electromagnéticos: el hecho que el hombre sea un ser electromagnético (la actividad biológica de los seres vivos es regida por procesos eléctricos: corazón, respiración, cerebro, etc.), bio-conductor, bio-resonador (numerosas partes del cuerpo humano tienen dimensiones iguales a longitudes de ondas artificiales y a sus sub-múltiples por lo que son resonadores en los que la absorción de la energía de onda puede ser máxima), La presencia en su cuerpo de sistemas enzimáticos sensibles a los CEM, la presencia de cristales de magnetita en el cuerpo (estudios del profesor J. Kirschvink), y las inducciones electro-magnéticas. También el peso corporal, el índice de masa corporal, la densidad ósea, y el agua y los niveles de electrolitos pueden alterar la conductividad y reactividad biológica a los CEM.

Según el Dr. Yoshiaki Omura6 la relación entre la exposición a metales pesados tóxicos y la exposición a campos electromagnéticos puede ser significativa: mientras más contaminado por metales pesados sea nuestro cuerpo, más se convierte en una antena virtual que concentra las radiaciones electromagnéticas. Estos metales pueden proceder de amalgamas y otros implantes dentales metálicos, pero también de la alimentación (pescado contaminado, aguas contaminadas por centrales térmicas, entre otros)…

Como señala Teresa Dale, PhD7: " Si usted ha acumulado metales tóxicos en el cerebro, y dado que su cerebro es una antena, usted puede recibir más radiación del teléfono celular, que a su vez puede hacer que los microbios en el sistema crean mico toxinas más potentes. Esto puede crear un círculo vicioso de nunca acabar entre los microbios y metales en su cuerpo y su exposición a los campos electromagnéticos, que pueden conducir a la electro hipersensibilidad. He visto que un alto porcentaje de enfermedades incluyendo infecciones crónicas son causadas y/ o agravadas por la exposición a campos electromagnéticos”.

Según la dentista holística Dra. Lina García8: “Al considerar las numerosas razones para el aumento de la prevalencia de enfermedades crónicas en nuestra sociedad, creo que no debemos pasar por alto la posibilidad de que el metal al interior de la boca (especialmente los implantes metálicos) podría estar actuando como antenas para las transmisiones de microondas, sobre todo la procedente de la telefonía inalámbrica del siglo 21. Tengo la firme sospecha de que se trata de una fuente no reconocida de estrés insidioso en nuestra salud física, mental y emocional.”

Son los implantes de metal realmente seguros?

De acuerdo con el Dr. Mercola: “Para considerar si los implantes metálicos son seguros para nosotros o no, lo más prudente es reconocer de que ya estamos expuestos a muchos factores estresantes en el ambiente: sustancias químicas tóxicas y metales en el aire, el agua y el suministro de alimentos, fuentes de radiaciones electromagnéticas insidiosas y microondas procedentes de un número cada vez mayor de transmisión de telefonía celular. Además, luchamos para equilibrar el estrés continuo de nuestros puestos de trabajo y las relaciones difíciles que parecen ser parte de la vida de todos.

Así que ¿quién quiere tener además implantes de titanio incrustados, amalgamas de mercurio, coronas de metal y cerámica a sólo centímetros de su cerebro? Basta de estrés para el cuerpo que debe hacer frente a estos obstáculos si quiere mantener su equilibrio (homeostasis). Incluso si su boca no tiene implantes, endodoncias, coronas de metal, coronas de porcelana fundida sobre metal, o empastes de amalgama de mercurio, su cuerpo necesita adaptarse a todas las torres de telefonía móvil y otros factores de estrés ambientales.

Sólo tenemos un cuerpo para vivir esta vida - un cuerpo que es el hogar de nuestro espíritu. Si usted no toma el cuidado de su cuerpo - ¿a dónde va a vivir?”

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